viernes, 24 de noviembre de 2017

LA VIDA EN ESCENA: "JULIO CORTÁZAR, GRAN CRONOPIO"

¿Cuánto más queremos a Julio Cortázar tras asistir al espectáculo sobre este “gran cronopio”? El relato de Ana Padovani, narradora, actriz, psicóloga, música y ensayista, condensa aquí estudio e investigación, logrando atrapar a los espectadores del Celcit con anécdotas, sucesos y secuencias actuadas. Una de éstas la del regocijante diálogo entre Pepe Arias y Niní Marshall. Y esto sin “desentenderse de los datos biográficos”. En esta evocación, síntesis de una vida intensa, su dibujo es el de un ser querible, que sin duda lo fue más allá de las controversias que generó en algunos sectores sociales por sus ideas políticas. Cortázar, como autor, y es sabido que como persona, atravesó las barreras linguísticas, produjo una transformación en la literatura latinoamericana e inventó un lenguaje musical, el glíglico destinado a los enamorados. Por poner sólo un ejemplo de su vasta producción en cuento, novela, poesía, teatro y ensayo, el impacto que produjo su novela Rayuela (1963), desató apasionadas reflexiones sobre el lenguaje y activó el pensamiento de estudiosos, críticos y lectores.

Desechado un primer nombre (Mandala), Rayuela plasmaba “un orden desordenado” (según el ensayista e historiador valenciano Andrés Amorós), y proponía otro juego, aquel en el cual “el juego será como el destino, una conjunción de destreza más azar”, feliz apunte del poeta y crítico literario argentino Saúl Yurkiévich (La Plata 1931- Francia 2005) en La isla final (Ultramar, varios autores).
Y qué decir de los cronopios, palabra tomada de Historias de Cronopios y de Famas, de Cortázar; quien a su vez los define como “individuos dotados de una constructiva noción del absurdo”, en La vuelta al día en ochenta mundos (1967).

Nacido en Bruselas (Bélgica) el 26 de agosto de 1914 de padres argentinos con ascendencia vasca, francesa y alemana, su familia regresó a la Argentina cuando tenía cuatro años, y creció en Banfield. Fue maestro de escuela, profesor y traductor, y entre otras ciudades vivió y trabajó en Bolívar y Chivilcoy. Escribió desde niño, y siendo muy joven publicó sonetos (Presencia, 1938) con el seudónimo de Julio Denis. Sus primeros trabajos en prosa recibieron influencia de los autores que admiraba.

Padovani señala en esta entrevista la disposición al aprendizaje: “Era muy curioso, interesado en todo, y lo siguió siendo de adulto. Lector ávido, inteligente y con una gran cultura. En 1946, Jorge Luis Borges le publicó el relato breve Casa tomada en el periódico literario Anales de Buenos Aires. Vivió en una época muy particular y cuando partió a Europa y se radicó en Francia (en 1951), mantuvo gran amistad con el director de cine François Truffaut, el cineasta español Luis Buñuel y otros grandes creadores. Estuvo en Europa en el momento adecuado: el poeta mejicano Octavio Paz y el escritor peruano Mario Vargas Llosa estaban entre sus más íntimos amigos”.

--¿Qué destacaría de la personalidad de Cortázar?

--Su integridad, su nobleza. A mí me toca particularmente su sencillez. Me conmueve su enorme humildad, su modestia.

--¿Y la obsesión por París?

--La tuvo siempre. Antes de su primer viaje, había armado un mapa de la ciudad. Se costeó el viaje, y con esfuerzo, porque no era hombre de dinero. Notable fue también su ayuda a la familia. Estaba muy pendiente de las mujeres que tenía a su cargo: madre y abuela, hermana y tía. Su padre había abandonado la casa cuando él era niño. Otro aspecto importante fue el vínculo que mantenía con nuestro país. Viviendo en Francia, decía que el francés era su lenguaje de día y el argentino, el de la noche, incluidos sus sueños: “soñaba en argentino”.

--En esos años, la cultura francesa arraigaba en diferentes sectores de la sociedad argentina y en los intelectuales y artistas...

--Hay que tener en cuenta las limitaciones que se daban en nuestro país, y el momento histórico. Vivió en Francia, pero nunca acabó de irse.

--Lo manifiesta, y con una mordacidad que duele en Carta abierta a la patria (… te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo/ saldrá de este sentir. Hoy es distancia, fuga,/...)

--Viajar o instalarse en París tenía en algunos un carácter snob, pero no era así para los verdaderamente interesados en la cultura.

--¿Qué la llevó a convertir historias de vida en biorrelatos?

--Hace años, el Gobierno de la Ciudad me llamó para realizar un trabajo en homenaje a los escritores de los barrios Recoleta, Saavedra y Flores. Elegí a escritores emblemáticos: a Victoria y Silvina Ocampo, porque Silvina vivió en la avenida Alvear; a Julio Cortázar por Saavedra (vivió en Agronomía); y a Roberto Arlt por Flores. En otra etapa, investigué sobre la poeta Alfonsina Storni, el cuentista uruguayo Horacio Quiroga, y Niní Marshall. Así nació la idea de armar un ciclo. Comencé investigando sobre los textos y después sobre las vidas, todas apasionantes. Los textos debian ser atractivos y guardar una ética. Como todos, ellos han tenido debilidades, y hay que saber qué se muestra y cómo.

--¿Obtuvo testimonios de gente cercana a ellos?

--No hay mucha gente viva que pueda dar testimonio directo. Para las Ocampo, me aportó mucho la escritora María Esther Vázquez, colaboradora y biógrafa de Borges que falleció en marzo de este año. Una mujer lúcida y con muy buena memoria. También fueron importantes los testimonios de Ivonne Bordelois, que es poeta, lingüista y autora de ensayos. Ella es inteligente y muy formada.

--¿Qué intenta transmitir con estas historias?

--Que el público se interne en esos mundos, y los sienta más cerca. Guardo un sentimiento muy particular por la memoria, los recuerdos, los afectos, y no me olvido de nadie. Estos biorrelatos evocan una época que es nuestra. La de los cafés de Buenos Aires, por ejemplo, donde se reunían intelectuales y grandes artistas. Saber de esos encuentros es entrar en otra dimensión, y me emociona. Saber que Alfonsina Storni era muy amiga de Quinquela Martín, como lo conté en otro relato, y que la disuadía de su relación con Horacio Quiroga es parte de los entretelones de la vida de aquellos que no están en el bronce, que son humanos, con sus grandezas y pequeñeces.

--En el biorrelato sobre Cortázar habla de una personalidad que reproduce actitudes semejantes en los lugares en los que vivió.

--Sí, eso pienso. Reproducir esos ámbitos era acercarse a las personas que le ofrecían amistad y le aportaban conocimientos. Era un apasionado de la lectura, el jazz, el box y la música clásica. Las amistades fueron importantes en su vida, como su matrimonio con Aurora Bernárdez; su trabajo como traductor en la Unesco, la difusión de sus libros, el descubrimiento de Rayuela y esa idea de que “para llegar al cielo se necesita una piedrita y la punta del zapato”. Era un ser noble, lo demostraba en sus sentimientos hacia la escritora y fotógrafa estadounidense Carol Dunlop, con quien escribió Los autonautas de la cosmopista (publicado en 1983, el año anterior a su muerte); y en su honestidad política y vinculación con la Argentina, a la que se sentía “pegado como un chicle”.

--¿Relaciona la búsqueda de un ámbito familiar con la temprana ausencia del padre?

--Ese es un hecho de la vida de Cortázar que se conoce poco, y sobre el que no quiso hablar.
Después de años, recibió una carta donde su padre le pedía que no publicara con su nombre, porque, llamándose iguales, los confundían. Cortázar (cuyo segundo nombre es Florencio) se niega y le responde con una carta tan formal como la de su padre. Estas cartas, como muchas otras de Cortázar, fueron publicadas. Las dos interesan por su contenido y por la forma en que uno y otro se expresan. No hay insultos ni groserías, aunque se percibe que entre ellos no hay nada resuelto.

--¿Cuál es su próximo trabajo?


--Lo tengo estudiado pero no definido, porque, además de lo que vengo desarrollando en torno a mi especialidad, mi propósito es que el Ministerio de Educación me dé la posibilidad de capacitar a nuestros maestros en la narración de textos. Sería un avance más en educación.

Julio Cortázar, gran cronopio
Idea, texto e interpretación de Ana Padovani
Ciclo biorrelatos
Lugar: Teatro Celcit, Moreno 431 CABA Tel. 4342-1026
Funciones: domingos de noviembre a las 19 hs.
www.celcit.org.ar Skype: celcit-argentina    

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