martes, 16 de agosto de 2016

ATRAPADOS EN LA NARRACIÓN ORAL

La actriz, narradora y psicóloga Ana Padovani no abandona sus Biorrelatos y promete nuevas entregas a lo ya estrenado en el Celcit. Su apuesta es relacionar de manera significativa vida y obra del uruguayo Horacio Quiroga y trazar un paralelo entre las hermanas Victoria y Silvina Ocampo.  

Ana Padovani


El giro fantasioso que toman los personajes de Roberto Arlt, el escepticismo rebelde y el humor incisivo que se desprende de los textos y piezas teatrales de este autor y periodista despierta  admiración en Ana Padovani, artista de sólida formación, con importante trayectoria en la narración oral, a la que aporta teatralidad e interpretación musical. Autora de textos teóricos, ha participado en festivales y encuentros literarios internacionales, y ofrecido sus trabajos tanto en escenarios como en escuelas y hospitales. De su admiración hacia Arlt  (1900-1942), hacia la escritora y poeta Alfonsina Storni (1892-1938) y la actriz y humorista Niní Marshall (1903-1996) han nacido los Biorrelatos presentados recientemente en el  Ciclo programado por el Celcit. La idea de enlazar momentos únicos de la vida de estos creadores no acaba en ellos, pues Padovani proyecta futuras puestas en torno a la figura del cuentista y poeta uruguayo Horacio Quiroga (1878-1937); la narradora y poeta Silvina Ocampo (1903-1994) y la escritora, traductora y editora Victoria Ocampo (1891-1979). Trabajos con título y formato que  adelanta en esta nota, sumando apuntes sobre los Biorrelatos anteriores: “Arlt es fundamentalmente conocido por sus aguafuertes, lo mismo que Alfonsina por su poesía y Niní por su humor, pero en mis investigaciones hallé matices que creo es importante valorizar, entrecruzando vida y obra”.

--Y sin perder de vista la época…

--Por supuesto, los aguafuertes de Arlt son pinceladas de vida, y su teatro, de una intensidad abrumadora. Busca el contacto con su tiempo, como en Trescientos millones y la escena del  encuentro de La Muerte con la sirvienta. Una escena de gran belleza y poesía.  

--Que estremece por los anhelos no cumplidos de la sirvienta, y porque da cuenta del cinismo del entorno social.

--Una escena sólo posible en un autor que tuvo una vida personal tortuosa y fue muy marcado por el padre. Marcas que fueron explosionando en sus obras. Aquella era una época de vínculos y relaciones a veces primarios entre las personas y entre la ciudad y extramuros. Esto lo advertí incluso en los diarios de entonces; en el papel que se utilizaba, en el color, la propaganda… Investigar en todo ese material, como lo hice, ayuda a situarse en su tiempo.  

--¿Ese “estar en su tiempo” es afín a Alfonsina?

--Ahora que las mujeres hablan tanto de feminismo es importante señalar la postura de Alfonsina, tan genuina y noble. En ella es una actitud auténtica y consecuente, libre de la fachada mediática de este tiempo.  Defendió su embarazo, crió a su hijo Alejandro y demostró ser valiente ante los prejuicios de su familia y de la sociedad.  Tuvo claro lo que quiso, sobrevivió a sus vicisitudes y se enfrentó a la muerte, tan trágica y revestida de un halo poético que perdura, porque había poesía en su vida. Cuando supo que tenía un cáncer de mama terminal, organizó su vida y su muerte en función del tiempo que le quedaba. Se despidió de todo y de todos. No quiso padecer el desgaste final. Sentía que sólo la conduciría al sufrimiento. Aquella visión romántica de la poeta que se interna en el mar por amores frustrados es una fantasía. Se sabe porque dejó cartas. Se arrojó al mar desde una escollera. Un final muy pensado y muy rápido. Descubrí  a Alfonsina en estas verdades y en sus poemas, sus obras de teatro y sus cuentos, publicados en el diario La Nación, y menos en La Prensa. Estos creadores nos piden hablar de ellos, como nos lo pide Niní y sus personajes.

--¿Qué le atrajo de Horacio Quiroga y de las hermanas Ocampo?  

--La vida de Quiroga está marcada de modo llamativo por la tragedia. Era muy amigo de Alfonsina, y lo deprimió enterarse de su muerte. Le había propuesto que se fuera con él a la selva. Pero ella no quiso. No eran pareja, no había una relación amorosa,  pero sí de fuerte amistad. Se los ha estudiado por separado sin advertir que estaban realmente unidos. La historia de vida de las Ocampo me apasionó. Trabajé el Biorrelato (Las Ocampo, dos hermanas, dos destinos) mostrándolas en  caminos opuestos, tanto en la producción de obras como en la vida. Me pregunté de dónde venía esa diferencia… El padre había puesto una carga excesiva en Victoria. Era la mayor de las hermanas y concentraba todas las expectativas. Silvina, la menor, se había salvado de esa carga, y no era presionada.  Victoria tenía una vida aparte, y por sus cartas sabemos que tuvo historias de amor increíbles. 

--¿Qué lugar ocupa hoy la narración oral?

--Es diferente en cada país y lugar, pero sigue creciendo. No es lo mismo en Cuba que en Estados Unidos, donde la inmigración es fuerte. El narrador oral trabaja tanto en escenarios como en lugares abiertos. No hay fronteras para el arte.  En Buenos Aires la tendencia es centrarse en el aspecto literario y teatral, lo que no impide trabajar junto a otros que prefieren los relatos tradicionales. A través del British Council, participé en Londres de un espectáculo bilingüe, junto a Jan Blake, inglesa de origen jamaiquino.  Ella relató cuentos de tradición oral del Caribe y yo literarios. Después,  estrenamos en Rosario, La Plata y Buenos Aires, en el Malba (Museo de Arte Latinoamericano).

--¿La tendencia a lo literario supone olvidar los relatos tradicionales?

--No en mi caso, porque el origen está en los cuentos de transmisión oral. El pasaje de la literatura a la oralidad merece un trabajo tan delicado y complejo como el que realiza un buen traductor y no el de quien se acerca salvajemente a la literatura. En los encuentros y en mis participaciones en las ferias de libros insisto en esto. El lenguaje merece respeto, y no convertir un texto literario en una simple exhibición o en un show. Pasa, a veces, cuando la oralidad es considerada de simple factura. Algunos, incluso, se apropian del cuento sin especificar la fuente. El que escucha no sabrá nunca dónde está la riqueza original del  relato.  

--¿Qué particularidades ha observado en la narración oral?

--Por mis contactos en Francia -donde hice talleres en París- y en España, donde trabajé, he observado que los cambios más visibles se produjeron en París y Londres en la década del ’80 con el ingreso de las narraciones africanas y árabes. ¡Maravillosas! Sin duda, la inmigración hizo su aporte. La idea de llevar la narración oral a la escena surgió cuando los africanos dieron a conocer su tradición a Europa.  Esos narradores consiguieron trabajo, entraron en el circuito de la cultura, y los ingleses y franceses recrearon sus propios espectáculos. Los españoles, a pesar de su tradición, trabajan más con los textos literarios. Los colombianos y cubanos poseen una rica tradición; y Uruguay ocupa un lugar interesante. Estuve en Paysandú y en Montevideo, donde hay una movida, con talleres y escuelas que participan de la Red Internacional de Cuentacuentos.    

--¿Cuál es la situación en la Argentina y de dónde proviene la discutida figura del gaucho exagerado?   

--Tenemos nuestros relatos sobre leyendas indígenas, y otros con influencia española, publicados en colecciones y en textos de investigación, pero al no tener una tradición tan rica los narradores nos inclinamos por la literatura. El exagerado y mentiroso son figuras de la picaresca española y de la Commedia dell’Arte. En nuestra narrativa, un personaje del litoral con esas características es Paí Luchí, sobre el que escribió la poeta y docente Laura Devetach. El pícaro Pedro Urdemales (que en América Latina toma distintos nombres) viene de la tradición española. Miguel de Cervantes lo transforma en personaje en una de sus comedias.   

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